Entrevista a EDUARDO ARACIL: DE NIÑO DE LA GUERRA A MÚSICO EJEMPLAR (Día de la Música Valenciana)


muchos_anyos_en_pocas_letrasHoy se celebra en la Comunidad Valenciana el Día de la Música Valenciana. En Sax queremos conocer a uno de los músicos más veteranos, tanto, que tuvo que vivir los avatares de la Guerra Civil, Eduardo Aracil Monllor. Una entrevista que habla de parte de la historia de Sax y parte de la historia de la provincia de Alicante, pero, sobre todo, de una familia y de Eduardo, un hombre con una historia personal que pasa de la Guerra a su familia y todo aderezado con buena música. Su hija Manoli ha estado implicada también en este proyecto, estando encargada de rebuscar en el archivo fotográfico de la familia y aquí está el homenaje a ti, Eduardo.

Eduardo Aracil Monllor nació en San Vicente del Raspeig en el día 10 de julio del año 1933, del matrimonio entre José y Manuela, teniendo un hermano, también llamado José. Tuvo que vivir una infancia rodeada por el miedo y el odio, pero ahora es considerado como un sajeño más, muy unido sobre todo a la Sociedad Unión Musical y Artística de Sax, de la que es músico honorífico y posee la lira de oro, el máximo reconocimiento a un músico de la sociedad, ya que se puede considerar como un ejemplo a seguir, de vida personal y de músico.

P: ¿En su familia había algún músico más?

R: No. Yo fui músico por mi padre,porque era un entusiasta de la música. Le gustaba la zarzuela, los acontecimientos musicales, y era tanta la ilusión que tenía mi padre que, por darle una alegría, dije de ser músico. Empecé a estudiar en la música de San Vicente. Me dieron el saxofón tenor y toda la vida he tocado lo mismo.

Allí había un hombre, Luis García, clarinetista de la Banda Municipal de Alicante, que dada lección, y de director estaba el compositor del himno del Hércules, Juan Miralles. Entre estos iban formando a los músicos. Mi instrumento era pura chatarra, puro hierro, de la marca Cuesnon. Sonaban desafinados todos los instrumentos, porque estaban en diapasón brillante, que estaban  medio tono más alto que los instrumentos actuales. Entonces los instrumentos se hacían para las bandas militares y para que sonaran más brillantes se hacían así. Más tarde empezaron a fabricar instrumentos en diapasón normal, medio tono más bajo, con un sonido más agradable. Un ejemplo es el de la Banda Municipal de Alicante, donde Luis Torregrosa, el primer director, se esperó a que empezaran a fabricar estos instrumentos para que la banda estrenara todos los instrumentos en diapasón normal. Luis Torregrosa era mi maestro y me contaba todo esto. Él era el oboe solista del Teatro Real de Madrid. Por motivos políticos lo tiraron de la Banda Municipal y entonces en San Vicente aprovecharon esto y lo trajeron, donde estuvo seis o siete años. Yo iba a su casa, que vivía en el Altozano, en la carretera de Alicante. Sobre todo aprendí de él el asunto de frasear.

 

P: Y de la banda de San Vicente, ¿de qué se acuerda?

R: Yo salí a los doce años y la banda siempre fue puntera y siempre quedaba muy bien. Aquí en Sax tocábamos con la comparsa de Garibaldinos y nos  apreciaban mucho, y han salido muy buenos músicos de ahí. Por la proximidad de Alicante o por lo que sea han salido muy buenos músicos. Uno de los mejores trompetas que ha existido en la Orquesta Nacional, Vicente Lillo Cánovas, era de allí. Lo que pasa es que está más cerca de Alicante y la gente se va allí.

Me acuerdo que fuimos a un certamen, el de Elche, y fue uno de los primeros que se hacían allí. Nos enfrentamos con la banda de Benaguacil y la de Villena, y quedamos bastante bien.  La banda no era mucho de ir a certámenes. Sí que éramos una banda para las fiestas de San Vicente, cuando eran fiestas patronales, no como ahora que se han metido moros y cristianos, sino que se hacían los “bailes del farol”, juegos infantiles, con mucha participación de la banda, que hacía conciertos.

 

P: ¿Venían a Sax a tocar en las Fiestas?

R: Sí, Cuando veníamos aquí tocábamos con la comparsa de Garibaldinos, cuando era presidente José Olcina “el Zapata”. Esto era un poco después de la guerra y aquí nos apreciaban mucho. Entonces no era como ahora que hay cuartelillos. La gente se hospedaba en la casa de los festeros, y yo me acuerdo que me quedaba en una casa en la calle del Carmen,  en la casa de Baldomero Brocica, donde la mejor habitación era para mí, que estaba al lado del horno de la Librada, que en invierno era como un horno. La diana se hacía a las siete de la mañana, y como nosotros salíamos con los Garibaldinos, cuando las campanas empezaban a revoltear Baldomero me llamaba y ya tenía yo un tazón de sopas con café preparado y ya cuando salían los Cristianos salía. Me acuerdo que uno de los años la capitana era la mujer de Antonio Estevan, María, y sus dos hermanas, donde Antonio era aún novio de María. O también me acuerdo de cuando fue capitana la mujer de Rafael Latorre, el de la Mayordomía, Paulina.

P: Al ejército. ¿Cómo fue la salida de casa?

Orquesta Maracaibo, de Alcoy. (De izquierda a derecha) Custodio, Raimundo, Albero  Francés, ¿, Jaime Seguí, Contreras, y Eduardo Aracil

Orquesta Maracaibo, de Alcoy. (De izquierda a derecha) Custodio, Raimundo, Albero Francés, ¿, Jaime Seguí, Contreras, y Eduardo Aracil

R: Yo entonces estaba trabajando de aprendiz en una ebanistería, haciendo muebles finos. Yo tenía 20 años y estaba dando lección con Joaquín Chicano Sotoca, el clarinete solista de la Banda Municipal de Alicante. Como quería aprender más del saxofón iba a dar lección con don Luid Torregrosa y, más adelante como me quería preparar para el ejército, iba a dar lección con Joaquín Chicano. Me preparó para el ejército con el instrumento que tenía desde el principio y me presenté para la banda militar, de civil, y saqué plaza. Me acuerdo que fuimos a Valencia y en el tribunal estaba D. Néstor, comandante, el tío de Bernabé Sanchís, que era capitán, y uno que estaba en Castellón, Arsins Arbó. Me destinaron a Lorca, donde estuve de cabo cuatro años y de allí pedí plaza en Alcoy, donde estuve otros cuatro años. La ilusión mía era estudiar y meterme en el ejército. Estudie mucho, dando lección con Joaquín Boils, que tocaba el clarinete, y me fui a prepararme al ejército a Madrid, pero tuve mala suerte. Para dos plazas nos presentamos 54. En la primera eliminatoria nos quedamos quince y en la segunda seis, pero no pudo ser, aunque los compañeros de Alcoy me decían que en la oposición se comentaba que lo había hecho muy bien.

Estando en el ejército me compré un saxofón  y me acuerdo que los fines de semana tocábamos en unos cuartelillos, donde se tocaban pasodobles y marchas moras mientras que las escuadras ensayaban. Con lo que  íbamos ganando me compré el saxofón. También formamos la orquesta Maracaibo, donde el primer saxofón, que tocaba el alto, Boils, era un brigada, Contreras, el segundo saxofón un tenor, un sargento, el tercer alto era yo. Los trompetas eran Raimundo, de Alfafara, y José albero Francés, director de la Banda Municipal de Sevilla. Trombones era Custodio y la percusión y el contrabajo eran de Alcoy. Nosotros tocábamos en Monterrey y en la piscina. Las vocalistas que cantaban en el casino de Alicante venían aquí también.

 

También tuve la mala suerte de que empezaron a  hacer recortes, como ahora, y a quitar bandas militares, y antes había una banda por regimiento y todos los años había oposiciones, y se consideraba como una salida de músico, pero con los recortes se terminaron las vacantes. Mis opciones eran quedarme toda la vida de militar, pero a mí no me gustaba. Yo llegué a ascender a cabo primero, pero hay que tener  en cuenta que éramos músicos militares, no militares músicos, y a mí no me gustaba la disciplina militar. Entonces, estando en Alcoy nos obligaron a pedir destino o nos licenciaban. Entonces me licencié.

 

P: ¿Cómo llegó a Sax?

R: Al licenciarme, mi amigo Pepe Clement Coloma que me dijo que me viniera a Sax, donde había una fábrica de persianas, Segisa, donde hacía falta gente de oficinista, y no me lo pensé. El cambio fue fuerte. Llamé a mis padres y les expliqué la situación. Fuimos a Alicante a tocar y allí me reuní con mis padres y eso era un cambio  muy fuerte.

Vine aquí y me hicieron la prueba en la oficina y me aceptaron y aquí que me metí. Me instalé en la fonda del Pichón, que estaba en el Hoyo. Hice unos cursos para oficina, unos  de cronometrador, de método y tiempo y otras cosas para ir progresando, y conforme iba  progresando me iban subiendo en el puesto, hasta que vi que ya tenía edad para casarme y me gustó mi mujer.

A mi mujer la llamaban maruja “la Rubia”. Su padre y su hermano eran músicos y empezamos a salir, y el 25 de febrero de este año celebramos las bodas de oro. Entonces había que ahorrar dinero para casarnos, por lo que yo empecé a tocar en la orquesta y comía en la casa de mi novia. Hicimos un convenio, de que yo tocaba en la orquesta pero mi novia tenía que mirarme y no dedicarse a bailar. Mi padre me dijo que no me esperara a tener dinero para comprarme el piso, porque si no no me lo compraría nunca. Fuimos ahorrando y pagamos el piso en la mitad de tiempo, y Antonio Senabre, quien hizo este piso, estaba muy contento de nosotros y nos ponía de ejemplo.

 

 

P: ¿Cómo entró en contacto con la banda?

R: Cuando yo llegué aquí se enteraron que venía del ejército y fueron a buscarme, pero yo dije que no, que no quería saber nada, pero sin comerlo  ni beberlo me vi enredado con la coral, con la orquesta y con la música.

Cristobal Ganga, que estaba en la orquesta Copacabana se fue a Alicante, a la Banda Municipal y necesitaban un saxofón y vinieron a buscarme. En la orquesta tocábamos mi cuñado, Pepín, su padre, su hijo, el Tresgüevos, Paco y uno de Elda.

Eduardo tocando con la orquesta Copacabana

Eduardo tocando con la orquesta Copacabana

Yo no quería tocar con la banda, pero al meterme  en la orquesta la banda también querían, pero era mucho. En los bailes de las Fiestas se tocaba en la sesión vermut, por la tarde y por la noche, cuando se terminaba tarde y luego querían que madrugáramos para tocar con la banda a las seis de la mañana, lo que era agotador. En la coral me metí porque estaba Tomás Valera, amigo mío, y me metí a ayudarle a montar las voces, sobre todo a repasar los tenores y los bajos. En la  banda me metí al final porque necesitaba ganar dinero para casarme.

 

P: ¿Cómo fue la primera impresión que tuvo de la banda?

R: Yo entré en la década del año 60. La banda en ese momento la dirigía D. Regino (Navajas), un hombre muy serio. Al poco tiempo de entrar D. Regino cayó malo. D. Regino tuvo un accidente mientras que su sobrino Alberto, que vivía con él y con su mujer Trini, estaba de viaje de novios. Entonces se volvió del viaje para cuidar a su tío. Se terminó el período de D. Regino y luego vino Tomás Valera, que estuvo poco tiempo, para luego ya estar Villar.

Eduardo con la cuerda de saxofones del año 1988. (De izquierda a derecha y de arriba a abajo). Eduardo Aracil, Esther Amoraga, Ruth Amoraga. Mª Asunción Marco, Juan Giménez, su hija Manoli y Tomás Vidal.

Eduardo con la cuerda de saxofones del año 1988. (De izquierda a derecha y de arriba a abajo). Eduardo Aracil, Esther Amoraga, Ruth Amoraga. Mª Asunción Marco, Juan Giménez, su hija Manoli y Tomás Vidal.

Con Villar empezamos a crecer y optamos por ir a certamen, que fuimos a Albatera, que tocamos la “Marcha Eslava” y “las Hijas de Cebedeo”, esta última la obligada. Nos llevamos el primer premio y allí fue el principio, pero costó mucho arrancar. Fuimos a Monóvar, donde también nos llevamos el primer premio de pasodoble, también fuimos a Alicante. Después vino Casielles, con el que también fuimos a Bigastro, donde también nos llevamos el primer premio, con “Las golondrinas” y la obra obligada de “la patria chica” de Chapí, donde ganamos también la medalla de oro de la diputación.

La banda iba pasando sus necesidades económicas, pero el músico cobraba, hasta que tuvimos que dejar de cobrar por hacer el local nuevo y otros gastos. Ahí no supimos aprovechar la oportunidad que nos brindaba Pascual Carrión de quedarnos con el local donde ensayábamos, que lo compraron los Turcos. Antonio “el Marravillas” nos dio el solar a cambio de que saliéramos de allí, pero el solar había que hacerlo. Ahí ayudamos todos, y hay una fotografía donde está Manolo aliaga y Pepe Aliaga de maestros y estamos Paco García “el Sereno” y yo de ayudantes y levantamos la  pared maestra de donde está el reloj del salón grande. Íbamos todos los domingos e íbamos los músicos y toda la directiva. Siempre hemos tenido falta de dinero.

 

P: De cada director que ha conocido, ¿qué destacaría?

R: D. Regino era un hombre muy serio y de mucho carácter, pero tenía mucha constancia. Tomás fue un director de transición. Después vino Villar. él era un hombre que estaba trabajando en una sala de fiestas de pianista y se metía a las tres de la tarde y salía a las tres de la mañana, y eso no le gustaba. Y optaron por buscarlo, vino aquí y cayó muy bien. El hombre era muy trabajador, se adoptó muy bien al pueblo, él fue el que trajo el instrumental de la banda, que se trajeron 50 instrumentos, que se expusieron en la CAM, en lo que era la Caja del Sureste, que se los pidieron a la casa Erviti y vino el dueño de esta casa y hasta que no vino el Maestro no se abrieron los instrumentos. Me acuerdo que los que estaban entonces, que eran Bernardo Compañ, que estaba en la directiva, buscaron avalistas, que salieron Pepe Cascales, Luis Barceló, que estaba en el entierro de su tío “el Cojo Barceló”, y tuvieron que esperar a que viniera, que lo trajo Bernardo y entonces ya abrieron los instrumentos, que fue un acontecimiento muy grande. Había que pagarlos y no había dinero y empezamos a hacer bailes benéficos. Entonces la Caja Rural nos dio un préstamo, pero se pagó y todo lo que recogía era para pagar los intereses de ese capital. La solución fue no cobrar los intereses que producía el capital, y con los intereses del capital se pagó el capital. Mi saxofón es de esa época, que lo tengo desde el primer día.

Casielles era el subdirector de la Banda Militar de Alicante. El hombre fue muy trabajador. En esa época aún se fumaba en los ensayos y él siempre estaba con su purico. Con él fuimos a Rafal, donde nos llevamos el primer premio. Cuando se jubiló ya vino Florido.

Florido era un clarinete muy famoso y estaba en la banda del Rey y luego hizo oposiciones para el Conservatorio de Alicante. Con él fuimos a Gente Joven. Quería comprar todos los clarinetes nuevos.

Eduardo Aracil en el programa de TVE “Gente Joven”. 6 de julio de 1984.

Eduardo Aracil en el programa de TVE “Gente Joven”. 6 de julio de 1984.

Roberto Trinidad quiso hacer esto en forma de conservatorio, queriendo darle otra semblanza a la escuela. Él se cogió la dirección y el grupo de los metales. Era muy trabajador, demasiado. Había un profesor para clarinete, otro para oboe, flauta y saxofones, que estaba Meliá y ahora está Zafrilla, Paco Bernabé. Han dado frutos muy buenos. Percusión han pasado varios. En asunto de solfeo pasó Eduardo Montesinos, autor de “Cantos llanos y profanos”, fue uno  de los catedráticos del Conservatorio de Alicante, que le tenían mucho respeto. No había piano, había un piano pequeño y siempre decía que se tenía que comprar, y luego más tarde nos regaló uno la Generalitat y otro que compró la banda. Después estuvo Salas, muy fuerte, pero hizo una labor muy buena. Su mujer regaló la imagen de Santa Cecilia para la banda. Sala estuvo mucho tiempo en el Conservatorio, dando transporte y repetización entre él y Florencio Sáez. Estando Salas pasaron muchos más. Íbamos a Alicante a hacer los exámenes de primero, segundo, tercero y cuarto de solfeo, de lo que me encargaba yo. Un año tuvimos que traer un autocar porque íbamos más de cuarenta y me acuerdo que nos cogió una tormenta y llegamos tarde y cuando llegamos ya habían empezado. Estaba de directora Sara Guarinos y le dijimos lo que había pasado y sacó a todos los que se estaban examinando y metió a todos los de Sax, por cursos, y yo era el profesor de todos.

Pedro Lara tiene otra forma de trabajar diferente a Trinidad, que con menos trabajo saca beneficios. Aparenta ser bueno, pero les dijo a la gente que se aprovecharan de él. Hemos tenido suerte y sabe lo que lleva entre manos. La banda si queremos subir tiene que ser por nosotros. Él no hace milagros por muy bueno que sea.

 

P: ¿Y su experiencia como músico?

R: Eso es lo más grande que hay. Eso hay que vivirlo. No se puede explicar con palabras. Para ser músico hay que venir a ensayar. Hay que sacrificarse, estudiarse los papeles y todo, porque si no no llegas. A mí me han gustado  los certámenes, porque me gusta competir, aunque ya sabes que unas veces se gana y otras se pierde, pero lo que adelantas en la preparación del certamen no te lo quita nadie.

Momento de la interpretación de “Poeta y aldeano” con Eduardo como solista. Concierto de Santa Cecilia del 24 de noviembre del 2012.

Momento de la interpretación de “Poeta y aldeano” con Eduardo como solista. Concierto de Santa Cecilia del 24 de noviembre del 2012.

El más fuerte de todos los certámenes fue cuando nos llevamos la mención de honor, en la plaza de toros de Valencia (1992), con el “Praise Jerusalem” y la obra obligada era “Cantos llanos y profanos”. Fuimos a primera y era una obra dificilísima. El quinto tiempo no había forma de tocarlo. Trabajamos mucho. En el último mes ensayábamos todos los días y los domingos por la mañana, por la tarde y por la noche y los sábados por la mañana y por la noche… Éramos seis bandas y cuando dieron el premio al maestro lo sacaron  a hombros de la plaza de toros. Me acuerdo que estábamos esperando el premio, y cuando llegó fue muy fuerte y se recordará toda la vida. Cuando entramos  en la plaza tocando “el Agüero”  un miembro del jurado, por cierto japonés, se levantó y empezó a filmarnos y eso ya era el preludio de lo que iba a pasar. Cuando se tocó “Praise Jerusalem” el que tocó el solo de Saxofón, que era mi hija, que lo hizo muy bien, cuando terminamos nos abrazamos todos llorando.

El último certamen que hemos ido fue en Cox. Estábamos sin rodaje y nos pusimos a ello y dimos a entender que sí que podíamos ir, ya que la gente estaba reacia a ir, pero hay que trabajar. Se demostró que trabajando se pueden hacer muchas cosas, porque hay madera para eso.

 

P: ¿Alguna actuación que recuerde como importante para usted?

R: Me acuerdo mucho de Juan Bernabé, “el Flauta”, que siempre decía que faltaban luces, y en Dolores le pusieron un foco grande y le dije que no se quejaría entonces, pero el foco a mitad de concierto se fundió. Hemos participado en muchos sitios. Siempre había mejores, pero en Monóvar, por ejemplo, participamos en un festival con Liria, Benaguacil o Cullera y no desentonábamos. En los conciertos que hacíamos por Valencia quedábamos muy bien.

Hay una anécdota, de Tomás “el Peinao”, que era representante de zapatos en Galicia y nos vino un día y nos dijo que la gente de allí decía que la banda de Sax era muy buena.

En cuanto a obras me acuerdo que cuando fuimos al Certamen de Altea tocamos los “Preludios” de Liszt, y había uno de Murcia que nos contrató a tocar detrás de la catedral para que tocáramos esto. Y en Altea nos llevamos el primer premio. La obra más fuerte que hemos tocado fue la de “Cantos llanos y profanos”. El quinto tiempo era tan difícil que los directores hablaron para que lo quitaran.

 

P: Ha celebrado aquí su 25 Aniversario y 50 como músico, pasando a ser músico honorífico, y ahora le han dado la lira de oro, ¿Cómo fue esto?

R: Son cosas que se recordarán toda la vida. En mi 25 Aniversario también tuve que hablar. Creo que aún estaba en la directiva. El alcalde era Rogelio, y dije que a ver si dentro de 25 años nos veíamos otra vez, y Rogelio contestó “y yo que lo vea”. Con el 50 pensabas que no quedaba cuerda, pero lo que quedará aún. Ya a los pasacalles no voy, pero a todo lo demás lo que sea.

Eduardo con todos sus alumnos en el acto de entrega de la lira de oro (24 de noviembre del 2012).

Eduardo con todos sus alumnos en el acto de entrega de la lira de oro (24 de noviembre del 2012).

Ahora con la lira de oro yo quería decir muchas cosas. Cuando iba paseando se me ocurrían los temas, y tenía muchos para hablar, pero me faltó tiempo. Toqué un fragmento de “Poeta y aldeano”, porque era la zarzuela que más le gustaba a mi padre. Yo se lo dije al Maestro y accedió. Me podría haber salido mejor. Mi gran satisfacción fue que estaba toda mi familia, fue un acto para no olvidar.

 

Y hasta aquí lo que lleva de vida Eduardo, una persona que ama la música y que nunca olvida ni un solo nombre de su historia personal. Mucho trabajo lleva a las espaldas esta gran persona. En el acto de entrega de la lira de oro uno de sus caprichos fue hacerse una fotografía con todos sus alumnos. Y este ese es el reflejo de la admiración que muchos le tenemos, como profesor, como músico y, sobre todo, como persona.

 

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