(Día Internacional de la Poesía) “MUERTE DE ARTAL DE ALAGÓN” de Juan N. Chico Amat


Hoy se ha celebrado a nivel mundial el Día de la Poesía. Aquí os dejo una de las piezas poéticas más importantes de la historia de Sax. Nada menos que el romance histórico de Juan Nepomuceno Chico Amat “El Mari”. Poeta festero como lo denominaban sus amigos Joaquín Barceló y Miguel Villar.

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Coincidiendo con el 50 Aniversario de la llegada del Maestro Villar a Sax y el 775 Aniversario de la Conquista Cristiana, aquí os dejo la “muerte de Artal de Alagón” un poema que ensalzó la historia de este personaje y que fue la fuente de inspiración para la gran obra sinfónica de Villar, “Artal de Alagón”.

Fuente: http://coralmvilladealagon.choruscantat.net/Documentos/EscritosCoralistas/muertededonartall.htm

No llegaba a cien leones 
forrados de fuerte acero, 
almogávares, peones
y hasta quince caballeros.

La peña Rubia cruzaba
la tropa de los guerreros, 
que en correrías y algaradas 
sirven a Jaime Primero. 
Cuando llegó la mesnada 
a lo alto del otero, 
que a su pie nace la rambla
de la Torre. El caballero 
que acaudilla a los jinetes,
los para y manda.¡Silencio!. 
-¡Barones!, los coseletes, 
las espadas y los yelmos,
los escudos y las lanzas
requerid y tener prestas. 
Voy me acercar a esa casa, 
que es bien que nos informemos,
qué es aquesa fortaleza 
que allá a la derecha vemos. 
En de Entenza, con vos Blasco, 
vigilad mientras ya vuelvo. 
En Chico, Alpañés y Marco
acompañadme, que tengo
de no hacer el botín parco 
que yo ofrecerle al Rey quiero.

No llegaba a cien leones 
forrados de fuerte acero,
almogáveres, peones 
y hasta quince caballeros.

En la puerta de Alquería 
Con fuertes golpes llamó;
El moro que allí vivía 
al punto le conoció. 
-Alá te guarde, cristiano, 
muy noble, Artal de Alagón. 
¿Cómo osastes, tan ufano,
atreverte a esta invasión?. 
-No es hora que me interrogues, 
sino yo a ti,¡Vive Dios!, 
así que presto, responde. 
-Pregunta Artal de Alagón: 
¿Cómo se llama el castillo 
que allá al fondo se divisa?. 
-Sag en mi idioma, caudillo, 
en tu romance Segisa. 

Si atacarlo es tu intención,
noble guerrero, deprisa, 
tu derrota y perdición 
encontrarás en Segisa. 
No te enojes del aviso
que decírtelo me pesa.
Que soy servidor sumiso
de nuestro Adalid de Enesa.
Honrad mi casa, señor, 
comida y agua os darán
en Torre del amparador, 
alquería de Alí-Zeyán 
-Perdóname Alí-Zeyán 
que no te reconociera.
¿Cómo tenía que pensar 
al verte por estas tierras?. 
Que a fe de noble guerrero, 
te asegura Don Artal, 
que nobles mis mesnaderos
osarán hacerte mal. 
Te pediré un gran favor. 
¿Lo que se ve desde aquí 
y sierras de alrededor, 
cómo se llaman Alí?. 
-Yo nunca seré traidor
a la causa musulmana.
Los nombres diré, señor, 
pero tropas mahometanas 
nunca os diré si hay o no 
En esos montes de ahí enfrente 
son la sierra de Puntal; 
detrás levante imponente 
sus picos el Carrascal.
Todas las viñas que ves, 
los pinos, los arenales, 
la Torres y Orcajo es; 
Charquillos y Maturrales
son los que siguen después. 
Pasado el bosque de pinos 
hay un barranco, Bolaj , 
que nosotros le decimos.
La sierra que ves allá 
es Camara, la conoces 
cuando en nuestras correrías, 
en galopadas veloces 
de Valencia a Murcia ibas.
Allá donde el sol se pone, 
es la sierra de Cabreras; 
el Carrizal más al norte
con sus charcos y junqueras.
-Alí-Zeyán, gracias mil 
por hacerme este favor;
que Dios te bendiga, Alí.
-¡Que Alá te guarde, señor!

La tropa se pone en marcha
cruzando por el atajo; 
relucen como la escarcha 
junto al Pino del Orcajo.
Bajo el pino los convoca 
para un consejo de guerra, 
caballeros y armas chocan
cuando éstos echan pie a tierra. 
A en Artal y a en Ramón Folch 
presidir les corresponde: 
A en Artal por director
y a en Ramón por ser vizconde
de Cardona; y alrededor 
un obispo y once nobles. 
En el talud de la Rambla
dejan escudos y aceros,
por la empresa de sus armas
se saben los caballeros.
El de barras catalanas 
con báculo y una cruz,
que es de un obispo-señala- 
y se llama Arnau de Gurb. 
Tres tajadas de selene 
que pregonan su alta cuna, 
igual que Buitrago tiene 
en su escudo Artal de Luna. 
De pesar la plata y oro 
escudo, Jaime Primero 
dio a en Marco que contra moros 
ganó marcos con su acero.
Es la justicia virtud
que a José Chico retrata, 
luce sobre campo azul 
lobos pasantes de plata.
Sueño ornario de laurel,
no hay empresa en su pavés,
es caballero novel, 
pero bravo, en Alpañés. 
En Ximen de Urrea, 
que su padre las ganara
contra huestes agarenas
en la batalla Las Navas.
En Torreblanca es un muro
que une dos torres más altas
y completan el escudo 
banderas y cruz de Malta.
Hay dos escudos franceses, 
Dantonja y Pertusa son; 
pelean como aragoneses, 
aunque son del Rosellón. 
Bajo la copa del pino 
se sientan los caballeros; 
discurren obrar con tino. 
En Artal habla el primero. 
El vizconde de Cardona 
conocedor del terreno, 
porque combatió en la loma
del Carrizal no cree bueno
por aquel lado atacar 
por las junqueras y el cieno 
y al Plano hay que cruzar. 
Los caballos agarenos
bien nos pueden derrotar. 
Un almogavar se acerca: 
-Micer,dice a en Artal. 
-Yo conozco un sitio cerca,
el mejor para atacar.
A Bolaj con lento paso 
marchan tropa y caballeros.
El sol llegaba al ocaso, 
era el día dos de febrero
(año 1239) 

No llegaba a cien leones 
forrados de fuerte acero,
almogáveres, peones 
y hasta quince caballeros.

Dice Arnau de Gurb la misa,
que oyen todos los guerreros,
armados a toda prisa 
a la luz de los luceros.
Asoma el sol por oriente, 
cuando alzando a Dios se está 
oyen el grito estridente: 
“Alá lo sabba . Oh, Alá!.
El grito del almuecín 
suena como maldición. 
¡Barones!. ¡Hay que morir
o vencer por Aragón!.
No podemos consentir, 
a fuer de buenos cristianos,
lo que termináis de oir
a ese almuecín mahometano.
¡A las armas!.¡A la lid!. 
Y al terminar en Artal, 
el obispo al bendecir 
Dice:¡Ayúdanos San Blas,
que si esta villa se rinde 
al Rey Don Jaime Primero, 
haremos que se te brinde 
para que seáis medianero 
ante Dios, nuestro Señor,
y Patrón seréis del pueblo. 
¿Lo juráis por vuestro honor?.
¡Lo juramos!. Los aceros
con su vivo resplandor
confirman el juramento 
de las huestes de Aragón.

¡Lo juramos!. Los aceros
con su vivo resplandor
confirman el juramento 
de las huestes de Aragón.Reptando como serpiente
de metálicos anillos 
marchan silenciosamente;
los ojos en el castillo,
para ver si en lo más alto
el vigía prende la hoguera 
de alarma, y fustra el asalto.

Por eso, hasta las banderas,
los alférez arrolladas
las traen por si flamean
bien pueden ser divisadas
que del castillo están cerca. 
Al llegar a las Fontanas 
sus estandartes despliegan,
el dorado con las barras 
en la vanguardia la llevan. 
En Artal grita:¡Al ataque!.

Suenen las trompas de guerra. 
¡Despierta ferro!¡Almogávares!
grita Berenguer de Entenza. 
¡San Jorge y San Blas, ayuda!. 
-Arnau de Gurb implora: 
Cristianos, todos a una 
que ha llegado la hora!.
Desembocan en el río
y trepan por la ladera
con tanto coraje y brío
que llegan a la Costera
en la primera embestida 
combatiendo como fieras.
Ante el ímpetu cristiano
y a la catalana enseña 
los guerreros mahometanos 
se repliegan a la Peña. 
Un chorfa que en la mezquita 
está haciendo su oración,
al oir que la gente grita
sale a ver por qué razón. 
Se turba el recogimiento. 
¡Son los cristianos!.¡Santón 
que vienen!.¡Un escarmiento
a esos perros daré yo!. 
¡A combatir musulmanes! 
¡Morid al pie de la llama!.
¡Y los cristianos desmanes 
hay que impedir por Mahoma!.

Y cruzando la plazuela
con una piedra en la mano, 
cual mortal proyectil vuela 
sobre el caudillo cristiano,
pero como está estribado 
e iba a caballo al galope
es por el suelo arrastrado.
Sin tiempo a que lo desarmen
lo retiran de la rampa, 
que hoy es la calle del Carmen, 
mientras la fuerza aún ataca. 
El vizconde de Cardona 
a en Entenza aprisa llama
y los dos acuerdo toman 
de suspender la batalla. 
En el huerto de naranjos,
donde hoy la Iglesia se alza,
Artal de Alagón postrado
no ve a su gente venir, 
por si los moros avanzan
a quererlos combatir. 
A curarle las heridas
ven que todas son mortales. 
La hueste está percibida,
el botín delante sale 
en dirección a Valencia 
a presentarlo al Rey Jaime. 
De Don Artal las dolencias 
lamentan los almogávares;
lo tienden en una mula, 
que es la marcha más suave 
que los caballos que usan 
y empiezan a retirarse.
Ceñudos, graves, altivos
van abandonando el huerto,
muy firmes en los estribos
los estandartes al viento.
Los moros de lejos miran 
y no se atreven con ellos. 
Victoriosos se retiran 
los cristianos.¿Qué es aquello?.
Que Artal de Alagón expira 
en medio de sus guerreros, 
con sus banderas erguidas
ondeando con el viento.
Rauda vuela a la presencia
de Dios, el alma de Don Artal. 
Le da sus restos Valencia
sepulcro en su Catedral.
No llegando a cien leones 
forrados de fuerte acero,
almogáveres, peones 
y hasta quince caballeros.

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